Hoy os traigo una novela que acaba de salir en papel y en formato ebook para el Kindle. Se trata de “Los últimos años de mi primera guerra”. Es el   primer libro de mi amigo y compañero de carrera de Derecho de la Universidad de Deusto en Bilbao , el  joven escritor y abogado Javier Yuste.  La editorial es  De Librum Tremens. Podéis comprar el libro en formato ebook para Kindle en Amazon  por solo 4,12€ y en papel por 21,95€. Son casi 700 páginas  de un viaje al interior de un ser humano, desbordado por la vorágine de la guerra y de un destino incierto, donde el valor y la lealtad se entremezclan con el odio irracional y otros pecados inconfesables. 

  Quiero agradecer a Javier por citarme en la dedicatoria del libro, junto a otros compañeros de la facultad. Le he pedido que haga la presentación en este blog de su novela. Os dejo con el.

Esta novela es una aventura difícil de describir. 
Era la mañana de un día de Diciembre de 2008. Me sentía cayendo en el abismo, algo que se refleja en ciertos puntos del inicio de la obra. Fue cuando realmente comenzó la aventura. Puse el pie en el camino sin saber a dónde me podía llevar, como si fuera un Bolsón.
Atrás quedaron dudas y preguntas. Estaba dispuesto, a pesar de todo, a escribir y superar la barrera psicológica de las 25 páginas. Hacer una novela.
Antes de que sucediera esto, una buena amiga, Lidia Mariño, me estuvo tentando para ponerme a escribir y su espíritu me acompañó los meses delante del ordenador, aunque también su buena parte de “culpa” la tienen otros amigos, distinguidos escritores, que me siguieron la estela desde que se tropezaron con el blog marinero y personal que llevo capitaneando desde hace más de cinco años, “El Navegante del Mar de Papel”. Amigos tales como Juan Granados, Luís Mollà o Miguel Aceytuno, cuyos consejos y conocimientos sobre esta salvaje costa literaria tanto me han servido, sobre todo aquel de obligarse a formar, aunque sea, una frase todos los días. “El pico y la pala.”
El apoyo de los que te rodean es el primer pilar del escritor.
Mi mente vagó sin rumbo fijo durante días, semanas… hasta que se sintió cómoda en la corriente de la década de 1940. Me retoñó con fiereza el deseo de la aventura en los mares del Pacífico. Hasta quería pilotar un bombardero en picado. ¡Cuántas cosas y cuántos nombres en esquinas olvidadas propias a las obras de Joseph Conrad! Sin embargo, una nueva barrera invisible me franqueaba el paso: mi falta de conocimientos históricos y técnicos sobre la II Guerra Mundial.
Me di perfecta cuenta de que era una verdad como un templo lo que afirmaba Arturo Pérez-Reverte, con patente de corso: cuando se escribe en el universo de la Historia (y en otros muchos), la investigación, esa labor ardua y pesada, agobiante y hasta frustrante, el deseo de profundizar algo más allá de la superficie, es lo que distingue a los escritores. Así llegué a suscribirme a revistas especializadas estadounidenses, a escuchar solo música de los ’40, aprender jerga y algo de la vida civil en el “Homefront”, a comprar manuales auténticos de la US Navy de 1944 de marinería y artillería naval, un mapa de 1943 editado por el Chicago Daily, una monografía sobre las acciones de los destructores estadounidenses escrita por Theodore Roscoe a principios de los ’50, folletines de época y a leer y leer. Aún así, solo pude llegar algo más allá de esa dura piel superficial de la realidad y queda mucho por aprender.
Mientras se iba creando la figura de James Edgar “Lars” Larrabeitia, de ascendencia española, segundo de artillería de segunda clase a bordo del destructor USS Narvhal DD-524, clase Fletcher, un buque como los que tuvimos en la Armada Española hasta bien entrada la década de 1980: los famosos “Cinco Latinos.” Le introduje en las acciones reales del Escuadrón de Destructores 48 de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en el Pacífico, desde San Diego hasta Filipinas. Recuerdo bien que escribía en no pocas ocasiones con el programa Google Earth abierto, siguiendo una a una las entradas del cuaderno de bitácora y el diario de guerra del USS Abbot.
Como hace Stephen King, fui desenterrando la historia día a día, auténtica labor arqueológica, tras las terribles discusiones internas de las primeras semanas, hasta decidir estructurar la novela como una autobiografía fingida, un diario ilegal escrito en código. Sus pensamientos, remordimientos y ansias en medio de la guerra.
Los meses quedaron atrás. Mi espíritu se amoldó a la historia solo desarrollándome en los perfiles de la misma. Era como si todo mi ser viviera dentro la mente autónoma del artillero Lars, ese hombre que me iba contando su vida y que, además, me iba susurrando otros detalles de su vida mucho después de 1945. Sin duda, quiere vivir más años y libros.
De unos años para acá, el género bélico ha decidido dejar atrás el relato en tercera persona. Quiere que el propio protagonista hable. Se quiere ver a esos hombres como entes individuales, como personas de carne y hueso, no solo sombras que caen en el fondo de la acción. Se podría hablar a este respecto largo y tendido con obras como “La delgada línea roja” (tanto en el trabajo de James Jones como en su adaptación cinematográfica) o las recientemente redescubiertas obras personales de Robert Leckie (“Mi casco por almohada”) o Eugene Sledge (“Diario de un marine”), que inspiraron la serie HBO “The Pacific”, no tan conocidas como las que llevaron a la pantalla “Band of Brothers”.
En este diario no todos los días tienen el mismo sentido, ni la misma extensión. No es lo mismo que el protagonista escriba en la tranquilidad de su casa que en mitad de una operación de desembarco, o cuando no paran de cargar los pañoles con provisiones y munición.
En definitiva, una historia que es casi real.
Su telón de fondo es la guerra, pero lo que quiero transmitir es una especie de oda (esa fue la intención no sé si lograda), a la juventud que se pierde con la entrada de la madurez y la guerra; una oda a todas aquellas cosas o actos que no realizamos y por lo que nos remordemos la conciencia media vida; a todo aquello que no nos importa hasta que lo perdemos. Es una novela que retrata una época vital clara, a veces ingenua, de una manera individual, real y costumbrista desde el interior humano de un soldado, de un artillero en medio del océano.

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